No cabe duda que historias como esta solo se viven en el cine… o eso se cree hasta que se presentan en la vida real tal como es el caso de la siguiente:
Hasta el corazón de una de las colonias más tradicionales de Mazatlán llegaron representantes de casi la mitad de los equipos de beisbol de las Grandes Ligas.
Se enjuagaban el sudor y tocaban la puerta de una casa humilde en la calle California, de la Sánchez Celis, llegaban preguntando por un joven de un metro con 98 centímetros de altura, una recta de humo que alcanza las 94 millas por hora y con apenas… ¡16 años de edad!
En la sala de la casa los recibe Luis Heredia Orozco, bautizado por la prensa estadounidense como “El niño maravilla” o “El mejor brazo de Latinoamérica”; los recibe a todos con su cara de niño y su brazo millonario.
Pero el niño no está solo, a su alrededor está su abuelo, la abuela y su madre, y a través de una laptop sus primos desde Austin, la familia en pleno preparados para negociar un destino al que se aferraron desde que el niño lanzó su primera bola a los 4 años.
“La Mary”, el nombre que los mazatlecos le dieron a María de Jesús Orozco, la madre de “El niño maravilla”, se dispone a firmar hoy martes un contrato con los Piratas de Pittsburgh por 2 millones 600 mil dólares, 200 mil menos que los Azulejos de Toronto, pero con las mejores opciones para el joven.
Conocido en México como Luis “El Caballito” Heredia, el joven mazatleco habla con toda la sencillez y el candor de su edad y confiesa haber llorado cuando se vio en las noticias.
“Aquí contentos, toda la familia, ayer nos pusimos a llorar cuando salió la noticia en la televisión, en ESPN”, cuenta apenado.
La historia de Luis es peculiar, dura y llena de obstáculos, pero es sobre todo una historia de beisbol, la de un niño nacido para lanzar la recta más veloz del mundo a los 16 años de edad.
Hijo del beisbol
La historia que acapara la atención de las crónicas deportivas en Estados Unidos y que hablan de un niño que puede lanzar fuego desde el diamante comenzó en 1986, en el Estadio de Beisbol Teodoro Mariscal de Mazatlán… y es una historia de amor.
Hasta la casa de Los Venados, el equipo profesional de beisbol de los mazatlecos, llegó “La Mary”, acompañando a un amigo que quería saludar a los jugadores de Los Mayos de Navojoa que se encontraban de visita.
Ahí La Mary conoció a Héctor “El Caballo” Heredia, el pítcher de Los Mayos que perteneció a los Dodgers de Los Ángeles y que coqueteó a lo largo de su vida con la Gran Carpa.
“Estábamos en el estadio y mi amigo me dijo que lo acompañara a saludar a un amigo de Navojoa, ahí fue mi perdición, ahí fue cuando lo conocí”.
En esa época, el “Caballo” Heredia era una de las sensaciones del beisbol mexicano y de la relación nació un niño que se convirtió en el orgullo de su madre pero provocó la huida del padre.
“No crean que nada más fue una aventura, fueron unos ocho años, él venía o a veces yo lo acompañaba en las giras, pero cuando supo que yo iba a tener a Luis no quiso volver a saber nada, se hizo ojo de hormiga”.
La madre se hincha y reclama sus años de esfuerzo, cobra las facturas.
“Luis tiene un talento, es hijo de esta persona, de Héctor Heredia, pero el talento que tiene no se lo dio ni él ni se le di yo, Dios le dio ese brazo. Es su papá biológico, pero nada más”.
Sin embargo, La Mary reconoce que siempre tuvo claro la importancia de la sangre en el beisbol.
“Yo lo registré con ese apellido (Heredia) porque sé que el apellido de alguna manera pesa, pero si soy justa, el padre de él es mi papá”.
Mazatlán adora a sus beisbolistas y ha seguido con interés la historia de Luis, incluso participan alimentando mitotes, en el último aseguran que el “Caballo” Heredia ha exigido parte de los dólares de Luis, pero La Mary lo desmiente.
“Él no está exigiendo nada, se ha aparecido, como mago, ahora que Luis está pasando por esto. Yo lo dejo en manos de Luis si lo quiere ver, que sea decisión de Luis y no mía”.
Luis levanta la mano y ataja la polémica, si su padre lo quiere ver que lo busque, después de todo es eso, su padre.
El largo camino
Sentada en la sala de mosaicos despintados de la casa, La Mary despliega todo el orgullo que siente por el futuro de su hijo y describe paso a paso cómo construyó a un futuro campeón.
Cuando desapareció el “Caballo” Heredia, La Mary se arropó con su familia y se aferró a su trabajo como recepcionista en un hotel, donde día a día mejoraba su inglés rudimentario.
El mismo inglés con el que ahora recibe a los buscadores de las Grandes Ligas, a todos, con la hospitalidad de los mazatlecos y la firmeza de un carácter recocido en sus noches solitarias de madre soltera.
“He tenido que hacerme fuerte, he tenido que sacar las uñas para defenderlo”.
Lo más extraordinario de ella es que no pide dinero, exige que su hijo pueda terminar de formarse porque sabe que apenas están en el traspatio de las Grandes Ligas, entre las jaulas de los leones de la Gran Carpa.
“Aquí está el fruto de todo el esfuerzo, porque ha sido difícil, como madre soltera, sacarlo adelante. Y honestamente lo de la firma nos emociona pero no nos vuelve locos, viene lo más difícil, Luis tiene que demostrar por qué se invirtió esa cantidad en él”.
Sin embargo, el interés de los grandes equipos se desató después del torneo Japan Boys, recién celebrado en Mazatlán, donde Luis llevó al campeonato a México al ritmo de sus rectas fulgurantes.
Los Piratas de Pittsburgh y los Azulejos de Toronto pelearon codo a codo y las cifras rozaron los 3 millones de dólares, cifra nunca alcanzada por un joven mexicano, pero al final Luis aceptó menos por mejores condiciones para terminar su preparación.
La propuesta consiste en afinar a Luis, llevarlo a la liga de los novatos y en tres años tenerlo listo para su primer juego de Grandes Ligas, el sueño de un niño.
“Yo lo único que quiero es hacer campeón a Piratas, jugar un juego de la Serie Mundial”, dice Luis.
La firma se realizará hoy en un hotel mazatleco de lujo, de esos en los que trabaja La Mary como recepcionista.
Experta en el mundo del beisbol, La Mary defiende el derecho del equipo de Rojos del Águila de Veracruz, que se llevará dos tercios de los 2 millones 600 mil dólares, sólo por haber tenido a su hijo en una lista como prospecto.
“No me importa, si Luis quiere ganar dinero se lo tiene que ganar siendo profesional, no a costa de un equipo, que se gane a pulso el dinero, nada ha sido fácil, por qué le vamos a regalar dinero, que trabaje duro”.
Y lo hace porque sabe que el dinero está dentro del “circo” no en el estacionamiento, repite una y otra vez que el dinero no es importante, salvo para mejorar las condiciones de la familia.
“El dinero vuelve loca a la gente y echa a perder muchas vidas, yo lo digo que esto es un premio al esfuerzo, él sabe que esto es un dinero que puede ayudar a mejorar un poco las condiciones de la familia, pero esto no es nada en comparación con lo que él sabe que puede llegar a recibir en las Grandes Ligas”.
La familia es el centro de todo, la familia llevó a Luis a lanzar en los ranchos, en giras regionales y nacionales, la familia dejó de comer camarones para pagar hoteles, aviones, inscripciones, uniformes y comida, toda la comida que pueda ingerir un deportista de casi dos metros de altura.
“Traga como si me odiara”, dice La Mary muy seria y después suelta la carcajada.
Cada detalle de la formación de Luis está cuidado por La Mary, a quien nadie le dio un curso de relaciones públicas, pero tiene una astucia que espanta.
“Yo le digo a Luis, siempre hay un segundo para la prensa. Yo siempre le digo lo mismo, ‘nunca te rindas porque el camino no es fácil, muchos firman y no llegan y yo sé que no es tu caso porque yo sé que tienes el hambre para llegar a las Grandes Ligas’”.
Luis la secunda.
“Yo a lo que voy es a trabajar”.
El susto
Cuenta La Mary que en una ocasión el equipo de Los Venados le llamó para invitar a lanzar una entrada a Luis en un juego de pretemporada contra un equipo informal de Apoderado, una comunidad cercana a Mazatlán.
Ese día, La Mary y Luis fueron solos, era una oportunidad interesante ver a su hijo enfundado en la casaca roja, aunque fuera sólo en un partido de exhibición, pero Los Venados le tenían una sorpresa.
“Cuando llegué me di cuenta que iba a lanzar la primera entrada pero contra Los Venados, con perdón de ustedes pero dije ‘no chinguen, me lo van a matar’, estaba tan enojada que Los Venados me mandaron un aguachilote bien enchiloso para que me calmara”.
La Mary todavía recuerda cada uno de los lanzamientos de su hijo, el orden al bat, Héctor Garanzuay, Christian Quintero, Roberto Saucedo, Miguel Ojeda, el aguachile, los aretes que se jalaba de puro miedo.
Experta en cosas del beisbol, La Mary tenía miedo a dos cosas: a un pelotazo que lastimara a Luis o aún peor, a una paliza que lo destrozara sicológicamente, dos cosas que se cuidan mucho en un diamante.
Explica cada uno de los lanzamientos, al principio le mordieron la bola, un par de ellos se fue a las bases, pero Luis apretó el control y controló a Saucedo, el más peligroso, ya finito dejó a Miguel Ojeda, jugador de Los Padres de San Diego, bateando puro aire.
“Ese fue el momento más difícil como madre de Luis, ver que enfrentaba a esos monstruos ya profesionales, se acabó la entrada, se acabaron mis aretes y se acabó el aguachile”.
Pero todavía hay muchas trampas, tentaciones que hay que sortear, el dinero es una de ellas, pero La Mary ya aprendió de otras familias mazatlecas que se han quedado en las puertas del circo.
“No, si no crean que no me dan ganas de irme a ajuarearme en ‘Las Fábricas’, pero todavía va ha haber muchos gastos”, y vuelve a soltar una carcajada que arrastra a los demás.
Ella se refiere a la estancia de Luis en Estados Unidos, los equipos de Grandes Ligas pagan al firmar contrato, pero muchos de los gastos de estancia corren por cuenta del jugador y son en dólares.
Su primera parada será Florida, sede de la liga de novatos de los Piratas. Ahí Luis tiene una tía, a donde se irá a pasar los fines de semana, otra bendición que la familia agradece.
Las expectativas de Luis consisten en mejorar sus condiciones en Estados Unidos. Los Piratas creen que el desarrollo natural de su físico todavía le puede regalar un par de centímetros más de altura y mayor musculatura.
Además, en la organización pulirán su brazo, para que la mecánica de lanzamientos permita que sus rectas de 94 millas por horas lleguen a aumentar su velocidad y con mucho trabajo perfeccionar su control.
Los expertos lo ven tirando su primer juego de Grandes Ligas a los 19 años, después de un largo camino desde la Liga Mazatlán, donde los abuelos les lanzan su primera bola a los niños y las madres trabajan en los hoteles para que coman.
BRAZO DE ORO
Luis Heredia Orozco
Tiene: 16 años
Mide: 1.98
Pesa: 97 kilos
Lugar de nacimiento: Mazatlán Sinaloa
Su debut en el beisbol: Liga Mazatlán
Velocidad de su recta: 94 mph
fuente: www.noroeste.com.mx












