En verdad me siento mal cada vez que veo a esos connacionales en desgracia, que han perdido hasta la camisa, ya no digamos sus modestas pertenencias que constituyen todo su patrimonio. Es lamentable ver llorar a tantas doñitas que han presenciado como la fuerza de la naturaleza ha destruido hasta sus modestas viviendas, y a los moconetes, ajenos a la desgracia que se vive en sus hogares, disfrutar nadando en medio de tanta desgracia.
Aplaudo, sí, la intervención del glorioso Ejército Mejicano, que ante tanta desgracia en el país, originada por el desbordamiento de los ríos, aplica de inmediato el Plan DN-III, de auxilio a la comunidad; hombres y mujeres que sin medir consecuencias, también arriesgan sus vidas en aras de paliar el dolor ajeno.
Celebro también la inmediata intervención de la siempre Benemérita Cruz Roja, que hecha la mocha, se pone primero a salvar las vidas en riesgo, y luego, para evitar males mayores, aplica vacunas para evitar posibles epidemias que pudieran presentarse entre la población afectada.
Es cierto, la fuerza de la Madre Naturaleza es incontrolable. Cuando dice ahí voy, es porque ahí viene con toda su fuerza, en toda su magnitud. Esto, ciertamente, no me extraña ni tantito.
Lo que no acabo de entender es por qué, si sabemos cuáles son las zonas de alto riesgo de ser arrolladas por las crecientes de los ríos, por qué, reitero, se han permitido esos asentamientos humanos, como también aquellos que se erigen en las faldas de los cerros, que en esta época de lluvias, se convierten en auténticas amenazas de muerte, por los derrumbes que se registran con tanta agua que cae.
No encuentro razón alguna para prohibir que en esas áreas, ya perfectamente definidas y conocidas por todo mundo, se autorice la construcción de esas modestas viviendas, que para la siguiente época de lluvias, habrán de ser devoradas por las fuertes corrientes y, ¡va de nuez!, otra vez a contemplar el llanto de las doñitas, presenciar como las fuertes avenidas arrastran camas, enseres de cocina, ropa y en general, todo el menaje hogareño.
Pero lo más lamentable, es enterarme año tras año, de la pérdida irreparable de vidas humanas, que ante la fuerza de las corrientes, fueron devoradas por esos miles de metros cúbicos que corren con fuerza incontrolable. Siempre he sostenido que bien que mal, los trastos, las camas y demás enseres domésticos, no pasan de ser bienes materiales que, según la condición económica de los afectados, terminará reponiéndolos más tarde que temprano, pero una vida humana, que no tiene precio, perderla, eso sí que constituye una real e irreparable pérdida.
Y tan fácil que es evitar todo ese daño, con tan sólo prohibir la existencia de esos asentamientos humanos, porque además de todo lo que te describo, viene luego la otra etapa, la de resarcir en la medida de lo posible, a toda esa gente afectada, y es aquí en donde el Estado Mejicano eroga miles de millones de pesos en auxilio de todas esas víctimas, que, viéndolo bien, no tenían razón de existir.
Rechazo totalmente, que esa gente sea vista como tesoro político-electoral por partido político alguno. Me dolería mucho que así fueran considerados, porque entonces sí, cualquiera de esos institutos políticos que sirven lo mismo que un barrido que para un regado, y que sólo atienden a sus muy particulares intereses, no tendría 10 de Mayo. Quiero pensar que esos asentamientos surgen ante la indiferencia de las autoridades, tanto municipales como estatales, que se dan cuenta de su existencia cuando son arrastrados por la fuerza de la Naturaleza, y se convierten, una vez más, en damnificados.
Por eso, reitero, ¿no es factible evitar tanto dolor, llanto y luto, prohibiéndoles la construcción de esas viviendas que al año siguiente volverán a ser devoradas por las grandes aguas? Si ese paso se da, estoy seguro que esos miles de millones de pesos que anualmente se canalizan a apoyarlos, bien se pueden ahorrar y aplicarlos incluso, en construirles módulos habitacionales en lugares más seguros, lejos del inminente peligro en que viven de manera permanente.
¿Verdad que sí se puede evitar tanto llanto, dolor, pérdidas humanas y materiales y la aplicación de millones de pesos, si se actúa razonablemente?
Pues entonces ¡hágase y Santas Pascuas!, como decía mi siempre llorado padre
Comentarios: emmf24@hotmail.com






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