Archive for Marzo, 2010

Mis Semanas Santas

Cuatro Semanas Santas cuatro, han sido trascendentales en mi vida. La primera, cuando éramos unos enanos que nos opusimos a que mi siempre recordado papuchis –comerciante en pequeño-, laborara como era su costumbre. Fueron pocas las ocasiones que mi padre se tomaba un domingo descanso. Para él no había vacaciones ni cosa por el estilo. Se levantaba a la misma hora, tomaba su bolso y olla para ir a con don Evaristo a comprarle el piloncillo y el azúcar mientras la olla era para los tres kilos de carbón, era el “material”, como se le llamaba, para elaborar el dulce que horas más tarde entregaría a sus clientes de toda la vida. Esa Semana Santa, a iniciativa de mamá gritábamos estentóreos ¡”descansa”!, ¡descansa”!, a mi padre. Eso fue desde el lunes hasta el domingo.
Durante esa Semana Dña. Eloísa me convirtió en un mecapalero en aras de disfrutar a lo largo de ese serial de descanso, del paseo al “Parque Público”, en Chapultepec, (ese espacio que había sido un campo de golf y que al incorporarse al más grande pulmón que tiene la capital del país, para que todo mundo lo disfrutara, se colocó ese letrero de “Parque Público), al cargar, junto con Iván, mi hermano menor, las bolsas con todo el avituallamiento familiar. Por cierto, en uno de esos días de Semana Santa, Rosa Martha, la segunda de mis hermanas, tuvo a bien encontrarse una moneda, la que guardó tan bien, que la enterró al pie de un frondoso árbol, sólo que olvidó cuando menos marcar ya sea el sitio o poner algún indicio que le indicara más tarde dónde estaba su valioso tesoro. Creo que todavía hoy día, mi hermana acude la Semana Santa a buscar su moneda.
Para cerrar esa etapa, te relataré que los Sábados de Gloria los comerciantes del rumbo quemaban sus Judas, enormes monos de cartón –muy parecidos a los de las Fallas de Valencia-, con el añadido de que, en agradecimiento a la clientela, les amarraban metros de chorizo y trozos de carne, en el caso de los carniceros, o bien latería, por parte los abarroteros, y si se trataba de varilleros, colocaban en sus monos desde modestas medias de popotillo hasta camisas y vestidos para niñas. La calle se cerraba al medio día a todo tráfico de vehículos y era en verdad todo un espectáculo ver tronar a los Judas y sobre todo, lograr algo de lo mucho que el comercio establecido colocaba en esos monotes de cartón. Costumbre que por cierto, y hasta donde tengo entendido, se ha perdido por completo y más aún, hasta las mismas autoridades la han prohibido. Eso también forma parte de esa etapa de mi Semana Santa en mi niñez.
Ahora veo correr mis calendarios y rescato ese fin de Semana Santa con una hermosa mujer que también me quiso agarrar de cargador de alimentos. Todavía me veo con ella en ese paseo que hicimos a Cuernavaca, la Ciudad de la Eterna Primavera, a invitación de uno de sus hermanos que allá vivía. Fue maravilloso, en verdad, primero por su presencia –no me preguntes su nombre, prefiero guardármelo como el beso que nos dimos en aquel hermoso crepúsculo, cuando el sol primaveral bañaba el cielo guerrerense-, a la que le pido a mi Compa Chuy la haya llenado de toda la felicidad que merece.
Cuando pasé a por ella a su casa, ya tenía sobre la mesa todo el abastecimiento para el camino, lo que me provocó una mirada de pánico, intuí sus negras intenciones: hacerme cargarlos y en efecto, cuando le pregunté quién sería el transportador, son una inocente –ahora descubro que no era tanto- sonrisa, me dijo dulcemente, “pues tú, mi amor”. Tuve que aclarar que yo era eso, precisamente, su amor, no mecapalero y que en todo caso, si quería llevar algo de comer, lo cargara ella. Finalmente le expliqué el por qué de mi reticencia a hacerle competencia a los cargadores –le narré las experiencias nada gratas de mi infancia-. Concluí dando por zanjado el asunto: a donde iríamos, seguramente encontraríamos ya de perdis, unas tortas que serían nuestros alimentos. Dicho esto, asunto arreglado, ¡faltaba más!
La última Semana Santa que dejó huella en este tu Charro Narrador, fue vivida en la hermosa Perla de Occidente, Guadalajara, en el año de gracia de 1975. Y es que ya radicado en este Culiacán de mis amores (y ahora de mis terrores), en la Semana Santa del ya citado año tras un viaje relámpago a Guadalajara, regresé la noche de ese lunes santo, sólo para escuchar a la mujer a la que había dado el autógrafo el Día de Reyes de enero de ese año, que su cambio a esta Perla del Humaya ya era una realidad. Como ya estábamos casados por el civil y sólo faltaba el trámite religioso, pues nos dimos a la tarea de buscar la iglesia que, dadas las circunstancias de premura, nos echara la bendición.
Y la encontramos, a fe mía, a unas calles de la Calzada Independencia, subiendo por Pablo Valdez. No recuerdo ni el nombre de la calle ni del templo ni del cura –creedme, estimado lector lectora, ni falta me hace ni me quita el sueño ni el apetito, -. Sólo que en esa Semana Santa, en que me fui de Culiacán solterito a medias, regresaba enteramente casado.
Como la Iglesia estaba de luto, según nos dijo el cura, pues no hubo música ni coro alguno que nos alegrara el momento, así que con mi madre de Guadalajara, Hildelisa Ríos, tomada de mi brazo y lleno de alegría, ingresamos al sacro recinto, seguidos de Manuel, Hildelisa, La Flaca y Ana María, la hermosa, sus hijos y por consecuencia lógica, mis adorables hermanos, que meses antes, en el Día de Reyes, también estuvieron presentes en la ceremonia por el civil. Como ya andaba fallón de parné, pues no hubo pachanga ni cosa por el estilo, sólo un mini brindis en el cantón de una cuñada y párale de contar, en donde estuvieron presentes, copa en mano, mi familia de Tequilajara ya descrita y la de mi flamante mujercita. Un mini chupe que duró menos de lo que te lo cuento y ¡vámonos tendidos!, nos piramos luego luego porque urgía llegar a Culiacán, ya que según el oficio que tenía ante mis ojos, ella empezaba a laborar en el IMSS Culiacán el lunes siguiente.
Si me preguntas cómo me fue, te diré que fueron tres años buenos, con el primero, de bandera y continuó con el advenimiento de Waldo Arturo, el primogénito, y luego casi de inmediato –“es que así lo decidí”, fue la respuesta a mi cuestionamiento por qué tan pronto, cuando apenas disfrutábamos de Waldo-, y vino entonces Bertha Velia, la primera de mis hijas. Waldo nació en febrero del ‘76 y Tita –para la familia, sus amigos y uno que otro igualado-, en septiembre del ’77.
Pero esa Semana Santa fue especial, porque mis intenciones no era regresarme casado, sino pasar un par de días en Tequilajara, viajar luego a mi pueblito y regresarme, para esos menesteres llevaba cinco mil varos de aquellos, de los de 12.50 por dólar y que entonces sí valían. Pregúntame con cuánto me quedé a la hora final. No tenía ni quinientas piastras, ni casa para llevar a la catedrática convertida ya en esposa, pero eso sí, el chavo lucía ya anillo de bodas en su dedo anular derecho. ¡Qué chulada!
Llegamos a Mazatlán, paradisíaco centro vacacional que tiene la pequeña ventaja de tener el Océano Pacífico ahí, nomás al cruzar la calle. Imagínate, Semana Santa, prácticamente de luna de miel y con la ñora que entonces era el amorciano de mi vida, qué otra cosa pedirle a la vida –además del parné suficiente para hacerle la faena a los gastos por venir-, sí, todo pintaba a toa maye, como dice el maese José Agustín.
Prácticamente con la feria apenas necesaria para cubrir el costo de la gasolina para el Tundervawen, llegamos a la Posada de Don Pelayo al puro valor mejicano de mi parte. Total, díjeme, si en aquellos felices años en que tuve mi Sueño de Gloria, supe torear momentos difíciles, los que estaban por venir van a ser bien cuichis. Al día siguiente, al bajar a desayunar –entonces aún no estaba de moda la frase esa de “todo con el poder de tu firma”-, pero echándole valor suficiente –había también que ponerle arte, lo reconozco-, echamos nuestros calcos al restaurante y a punto de ingresar, a porta gayola me encontré al dueño del hotel. “¡Qué gusto verte por acá!”, fueron sus palabras, ¿vienes a cubrir algún evento?” “Nelazo, vengo en plan de luna de miel, me acabo de casar”, díjele y preséntele a la suertuda. Llamó a media humanidad y con inspirado acento dijo “¡oigan bien, todo lo que el señor y la señora quieran, pidan u soliciten, se lo dan con la mejor de sus sonrisas”, y luego se volteó a este tu charro negro y díjome, “¡disfruta tu luna de miel, hospedaje, alimentación, beberecua y todo lo que gustes, es mi regalo de bodas!”
En esos momentos sentí ganas de darle un fuerte abrazo. Imagínate, sin un clavo prácticamente, y los gastos de la luna de mil ya estaban cubiertos. Pero todo tiene su por qué. Meses antes, durante uno de los ciclones que azotaron la Perla del Pacífico, o séase Mazatlán, “El Diario de Sinaloa”, medio para el que este tu Charro Narrador laboraba, me mandó a cubrir el evento. Ese hotel era uno de los pocos que tenían servicio telefónico y como también era corresponsal de “24 Horas”, tuve que dar, dentro de las notas diarias, el nombre del hotel “Posada de Don Pelayo”, que contaba con tan preciado servicio –el telefónico-.
Por eso, cuando llegamos la recién desposada y su enamorado marido, el dueño del hotel no hizo sino agradecerme de esa manera la enorme publicidad que meses antes de mi parte había recibido, cuando ni remotamente había pensado en estampar mi autógrafo en una acta matrimonial. Ese detallazo es de los que nunca se olvidan y por eso lo asiento en estas mis Semanas Santas.
Esa misma Semana Santa llegamos a Culiacán, en donde a falta de una casa o depto vivimos unos meses en un hotel del centro de la ciudad; hotel del que si no nos corrieron, fue porque éramos puntuales a la hora de pagar, pero déjame decirte que motivos, se los di más de una vez, al apestarse todo un piso a frijoles quemados, por haberme quedado dormido, a pesar de la recomendación de mi flamante mujercita, “cuida los frijoles, que no se te quemen, para no tener problemas con la administración del hotel”. Se fue a trabajar –es enfermera, aunque creo que a estas alturas del partido, ya ha de estar jubilada-, y laboraba en el Seguro Social en el turno nocturno. Por eso dormía solo tres días a la semana, y una de esas noches, me quedó dormido viendo la telera y fue la peste de fríjol quemado lo que despertó. Nunca hubo problemas con la gente del hotel, pero la anécdota ahí queda.
Y la última de mis Semanas Santas fue también aquí: 1979. Conocí a Luz Irene, cuando ambos laborábamos en El Sol de Sinaloa. Ella, en el depto admo y tu Charro Negro, en Redacción. Esa Semana Santa la pasamos en El Tambor, un día y otro en Imala con toda su familia. Cómo no recordar a doña Plutarca, su madre, y a don Francisco, su padre, quienes ya gozan de la paz eterna. Sus hermanos Francisco y Diego –éste, con una voz privilegiada para el canto. Le recuerdo en la playa entonando “El Muchacho Alegre”-. Aquella sesión fotográfica que le tomé de regreso de Imala, en la fuente de Juárez, ya instalado frente a Ciudad Universitaria.
Fue maravillosa la experiencia vivida esa Semana Santa, la última de mi vida que ha dejado huella y que hoy, hoy, hoy quiero compartir contigo, lectora lector. Vale?

Mañana del 30 de marzo del 2010 en Culiacán, Sinaloa, Méjico

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Playa, Playa…

Ya nos invaden los vientos de Semana Santa y con ellos las ganas de irse a la Playa, asi que los que todavía andan indeciso anímense con esta “rolita”, “Amber” de 311.

Y por si todavía la piensan… The Roots con Birthday Girl.

 

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Semana Santa Indígena

La Semana Santa da inicio y con ella las ceremonias para celebrar la vida, pasión y muerte de Cristo, una de ellas son las danzas indígenas, donde los judíos muestran la cultura de un excelente valor universal.
Invitan a caravana. El promotor cultural Leonardo Yáñez dijo que el sábado 3, a las 06:00 horas, saldrá una caravana de Culiacán (Obregón, esquina con Escobedo), para hacer un recorrido por los municipios de Ahome, El Fuerte y Guasave, en los que visitarán las comunidades de San Miguel, Tehueco, Charay, Mochicahui, Juan José Ríos, Ohuira y Lázaro Cárdenas. “El atractivo es vivir la Semana Santa diferente, con la perspectiva indígena de la vida, pasión y muerte de Cristo, conocer sus danzas y el sincretismo, y con un rico aprendizaje”, dijo.
Destacó que el próximo sábado y domingo son los días más importantes, es cuando se bautizan ‘los judíos’, dejan de ser ‘diablos’, se integran a bailar la Danza del Venado y Pascola, como una forma de arrepentimiento del mal, y vuelven a creer en Dios.
Actividad. Por su parte, el secretario del Centro Ceremonial de la Virgen de Dolores del pueblo de Toro, Juan Carlos Cota, expresó que lo sitios ceremoniales de Sinaloa calman la violencia, y las tradicionales danzas de los llamados judíos “no le piden nada a otras culturas del mundo… se entregan con su energía, su trabajo, espíritu, teniendo así un excelente valor universal”, dijo, e invitó a los sinaloense a vivir estas ceremonias indígenas en esta Semana Santa. Y a su vez pide apoyo a las autoridades estatales y municipales, para proyectar esta cultura y que brinden la seguridad en este lugar, no sólo en las playas, para beneficio de las familias. En el Centro Ceremonial del pueblo de Toro, en Juan José Ríos, cada Semana Santa se desarrollan diversas danzas de Pascola, Judío, Venado, con esta mezcla que se heredó de los yoremes y los jesuitas al venir a difundir su religión.

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Nostalgia Azucarada

Aunque pase el tiempo, los sabores y olores de nuestra infancia perseveran en nuestras mentes haciendonos recordar bellos momentos, que mejor para plasmar lo antes dicho que “Nostalgia Azucarada” del maestro Sergio Inzunza.

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Victimas del Dr. Cerebro festejarán 20 años de Trayectoria

Así es mis amigos “Las Victimas” celebrarán sus 20 años de trayectoria con la musicalización de una de las películas mudas del expresionismo alemán, llamada El Gabinete del Dr. Caligari, que se proyectará hoy en la Cineteca Nacional en el marco de Bandas Sonoras.
Para realizar este trabajo, durante un mes se dedicaron a componer alrededor de 14 temas exclusivamente para el filme.
Según una entrevista al diario La Crónica; también adaptaron a la cinta algunas canciones ya conocidas

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Buen Inicio de Semana

!Hola mis Pitayeros camaradas! Aqui saludandolos en este inicio de semana y esperando que le echen ganas a estos pocos días que quedan de trabajo para que disfruten de unas merecidas vacaciones “semanasantaneras” y que mejor que para desearles buen inicio de semana que “No Rain” de Blind Melon. Disfrutenla Unplugged!

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Paquetería de oropel

Si piensas que hablo de esa paquetería que llevas a cualquiera de las empresas dedicadas a su transportación, estás equivocado de cabo a rabo, como decía Dña. Eloísa. No. No es de esa paquetería a la que me refiero. Tampoco se trata de almacenar grandes bultos –paquetes-, en un determinado sitio. No es por ahí.
Sencillamente es de esa paquetería –o paquete-, que mucha gente gusta darse cuando en realidad andan si no en la inopia, muy cercana a ella.
Todo esto te lo cuento porque, como bien sabes, formo parte de esa enorme brigada de a pie que hay –no nos han dejado de otra los Beltrones, las Gordillo, los Aguilares y demás fauna-, en este Méjico nuestro. Ya te he comentado que mi auto sigue en la agencia, porque aquí no hay quien lo acondicione como ese que sacó James Bond en “Otro día para Morir”, que se hace invisible –para evitar que me lo pidan prestado-, que tiene llantas metálicas y de hule, en fin, uno que sea ´”intico” al del tal James Bond. Entonces, como mi auto sigue en la agencia, pues me veo obligado a viajar en los democráticos autobuses. Así llevo chofer, viajo en un Mercedes más grande y con aire acondicionado –lo malo es que los chóferes tienen un pésimo gusto musical y que no ocultan obligándote a escuchar tan hórridos sonsonetes-, y todo por seis varos. Como llevo chofer, me sumerjo en la lectura sintiéndome arrullado por el ronroneo de la máquina, por la música y por qué no decirlo, las conversaciones que inconscientemente llegan a mis oídos.
Precisamente esta mañana me llamó la atención la conversación que sin querer queriendo escuché y que sostenían dos señoras sentadas precisamente a mis espaldas y que a continuación trataré de transcribir lo más fiel posible:
-Pues mira –decía una de ellas-, tengo que levantarme temprano para dejar a los niños. A uno en la guardería y al otro en la escuela. El primero lo tengo que dejar a las siete y media y tengo quince minutos de tolerancia, y el otro, antes de las ocho ya tiene que estar también en el colegio. Así que tengo que levantarme tempranito-tempranito para hacerles su desayuno, no me gusta enviarlos o llevarlos con sus pancitas vacías. Cuando menos, un chocomil para que no se sientan con hambre y puedan estudiar bien.
-¿Y tu marido, no te ayuda? –cuestionó su compañera.
-A veces, cuando se levanta de buen humor-, fue la lacónica respuesta.
-Pues el mío también es así, aunque a veces él lleva a los niños y me da tiempo para arreglarme para ir al trabajo, pero generalmente soy yo la que tengo que hacerlo.
-¿En qué escuela está tu niño?
-Colegio –se apresuró a corregir a su preguntona compañera-, lo tengo en el Colegio San Simón. ¡Vieras qué bueno eeeeesssssss!
-¿Cuánto pagas de colegiatura?
-Por el de la primaria, me cobran mil quinientos pesos. Eso, sin contar “la combi” que me lo lleva a la casa al medio día, bueno, cuando sale de clases.
-¿Y por el de la guardería, cuántos pagas?
-Por ese nada más pago mil pesos. ¡Ayyy, pero vieras que encajosas son a veces las “sisters”! te cobran al doble los pañalitos que el niño llega a usar. De la mensualidad –que no colegiatura-, son mil pesos, pero también por pañales y alimentos, son otros quinientos pesos. O sea, ves, son mil quinientos pesos. Como quiera, se van tres mil pesos entre los dos.
Para estas alturas, y para no parecer indiscreto porque me hubiera visto como una persona mal educada voltear a verlas, empecé a vestir a esas voces. Me imaginaba unas señoronas. Bien vestidas, guapas, altas. Digo, unas señoras “de la alta”, diría el gran maese Gabriel Vargas. Confieso que su rica conversación me llevó a interrumpir mi lectura –espero que Lorenzo Silva, autor de “La Reina sin Espejo”, libro en turno, me perdone por tan irreverente acción-; sus timbres de voz eran agradables, lo que sea de cada quien. Y como aquello parecía una competencia sobre quién tiene a sus bodoques en mejores colegios, la otra interlocutora no quiso quedarse atrás:
-Pues a mi me cobran mil quinientos, por Gerardito en el Colegio San Francisco, más otros quinientos por el transporte escolar, pero nada más por la mañana, van por él a la casa antes de las siete, porque, ¡fíjate!, la combi tiene que hacer un enooooorme recorrido y muchos niños, como Gerardito, pues se vuelven a dormir mientras llagan al San Panchito; pero eso sí, ya lo mando completamente desayunadito, para que se me malpase, porque luego me saca bajas calificaciones. Por eso su promedio lo mantiene en 9.8 mes tras mes, ¿cómo la ves?
No conozco una mujer y menos si es madre que se rinda en una conversación de esa naturaleza. Porjemplo, aquí a la mano, tengo a La Pujitos que tratándose del tema, difícilmente puedes verla callada y más aún, ceder un ápice. Que si a la vecina su acarrea alubias le compró unos calcos de mil varos, a ella, su pioresnada también se mochó con un vestido que, ¿qué creen?, le costó dos mil trescientos pesos; o bien que si el hijo de la Chuchis va a recitar el famoso poema “A Juárez” en el próximo festival escolar, al suyo ya lo eligieron para participar en el baile dedicado a los zacapoazclas y que ella, con sus laboriosas manitas, ya le confecciona el disfraz. El caso es que La Pujitos no pierde una.
Pero lo lamentable del caso es que, como las dos mujeronas del Cañadas-Quintas, que cuando se bajaron del autobús, lucían como auténticas prófugas del metate, condición a La Pujitos tampoco se escapa, y que me lleva a pensar que todo lo dicho por estas madres y escuchado a fuerzoris por tu Carro Negro, no pasa de ser simple paquetería de oropel.
Ni más ni menos.

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Mañana del lunes 29 de Marzo del 2010, en Cul.Sin.Mej

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Angelina Jolie podría ser la Maléfica de Tim Burton

Tim Burton pasará de un cuento (Alicia en el País de las Maravillas) a otro (Maléfica) el cual se centrará en el personaje de la malvada bruja del cuento de la bella durmiente.

El nombre de Angelina Jolie acaba de salir como candidata para el papel protagonista del mismo.

El personaje de Maléfica es, posiblemente, el personaje más malvado de las recreaciones de Disney. Ahora Angelina Jolie podría recrearlo en la película que Tim Burton rodará para el sello del ratón Mickey.

Dado lo prematuro del proyecto, tal vez sería un rumor que tomar a la ligera. Pero no se puede negar que Angelina Jolie quedaría estupendamente para el papel.

Mientras tanto Alicia en el País de las Maravillas continúa haciendo las delicias de sus productores gracias a las estupendas cifras de recaudación que lleva obteniendo desde hace tres semanas en los cines de los Estados Unidos.

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Hollywood sin su cartel

El famoso cartel de “Hollywood” podría desaparecer por completo si se aprueba un plan de construcción en el área donde se encuentra ubicado en Los Ángeles, California.
Para impedir que este símbolo del mercado cinematográfico estadounidense sea destruido por un grupo de inversionistas que pretende construir viviendas donde se ubica el tradicional letrero, una organización civil a comenzado una campaña en su contra.
Se teme que esta acción se lleve a cabo, ya que en ese lugar se pretende colocar lujosos inmuebles y, según datos de medios de comunicación de los Ángeles, se ha aceptado un pago de 12 millones de dólares, el cual, supuestamente debe de efectuarse antes del 14 de abril. La campaña busca reunir los 3 millones de dólares restantes, necesarios para completar los 12 que se necesitan para adquirir el terreno.
Hasta el momento se han recolectado 9 millones y medio de dólares de fondos públicos, de aportaciones de artistas como Steven Spielberg y Tom Hanks y de diversas empresas cinematográficas.

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Cultivate…algo sobre Sinaloa.

Después de la llegada de los colonizadores españoles, el territorio que hoy conocemos como Sinaloa estuvo poblado por un número considerable de pueblos. La diversidad étnica del territorio persistió al momento de la invasión y a la conquista y así dio origen a tres provincias que se llamaron; Chiametlán, Culiacán y Sinaloa. La vida cotidiana y productiva se desarrolló en las márgenes de los ríos, los cuales fueron su hábitat principal. A través del río, y del mar a la sierra, se gozaba y sufría la naturaleza sinaloense compuesta de inmensas aguas que fluyen en corto trecho hacia un mar de abundantes especies. Los habitantes de estas tres zonas fabricaban cerámica de uso ceremonial, enterraban a sus muertos en posición fetal en ollas de terracota, practicaban la hulama —versión del juego de pelota específica a esta región—, recolectaban miel y frutas silvestres, tejían mantas, fabricaban pipas de barro, sellos para decorar paredes y telas, cazaban el venado, esculpían petroglifos —aquí se encuentran los más numerosos yacimientos petroglíficos de México—; que son signos abstractos grabados en piedra.
El habitante prehispánico estaba sujeto en forma determinante a las condiciones ecológicas de su territorio. No construyeron ciudades, como en el altiplano de la zona central de lo que hoy es México, sino moradas endebles pero adaptadas a su medio, pues conocían las grandes avenidas de los ríos, por lo que podían cambiar de lugar según fueran las condiciones naturales. En el actual territorio del estado habitaron diversas tribus indígenas entre las que sobresalen Cahítas,Tahues, Totorames, Pacaxes, Acaxees, Xiximes. Con la llegada del conquistador español Nuño Beltrán de Guzmán, empezó el cambio fundamental que trastocó la vida indígena pues apareció otra forma de vivir y de relacionarse con la naturaleza; la agricultura junto a la ganadería adquirieron otro sentido como actividades que tienen por objeto la gran producción. También se propició el desarrollo de la minería. Se establecieron otras relaciones de poder y los pobladores nativos vieron modificadas sus estructuras sociales; al principio se impusieron los servicios personales que muchas veces propiciaron la vuelta a las relaciones de dependencia o servidumbre existentes antes de los conquistadores, pero conquistadores y nativos terminaron formando una misma población y un mismo sentimiento. Se introdujo otra relación con lo desconocido; y de varios dioses se pasó a uno. Se persiguió a los dirigentes indígenas, acusándolos de hechiceros o herejes cambiándose la estructura de poder al imponerse la imagen de un rey lejano, al que no se conocía y al que se rendía tributo. Se eliminó la sumisión de la mujer y se consolidó la monogamia como forma familiar. Se formaron pueblos con la protección militar, pero en no pocas ocasiones, fueron destruidos por la violencia indígena. Se crearon escuelas y servicios, todo ello acompañado por la labor evangélica de las órdenes religiosas, especialmente de los Franciscanos y los Jesuitas.
La Revolución y la Independencia, marcaron con su impacto a la sociedad sinaloense; dos enfrentamientos militares, en Rosario y San Ignacio dieron un lugar en tales acontecimientos al estado de Sinaloa.
En el período del Porfiriato se consolidaron importantes espacios productivos en el estado. Nuevos patrones de producción y de consumo, la aparición de otros cultivos y el paso de la hegemonía de los metales preciosos a los estratégicos (acero, plomo, cobre, zinc) trastocaron las relaciones económicas y sociales en el Estado. La hacienda agrícola y las minas de oro y plata perdieron influencia. La crisis que se produjo por esta transformación productiva desequilibró las fuerzas regionales y otros grupos de poder económico manifestaron su presencia. Uno de los méritos de la revolución fue haber derrotado políticamente a los cuadros del Porfiriato y después incorporarlos en las nuevas relaciones económicas que se estaban gestando. En este proceso Sinaloa participó con la institucionalización de la Revolución, al asignársele de manera preferente la producción de alimentos que el país requería.
Desde antes que estallara la Guerra de Independencia en el año de 1810, Sonora y Sinaloa formaban parte del Estado de Occidente. En el año de 1823, según decreto expedido por el Primer Congreso Constituyente Mexicano, la provincia de Sinaloa quedó separada de la de Sonora.
Una vez disuelto el Estado de Occidente, los Estados Libres y Soberanos de Sonora y Sinaloa procedieron a designar e instalar sus respectivas legislaturas, cuya misión fundamental fue dotar a cada entidad de las leyes necesarias para conducir sus destinos por el camino del derecho y la paz social. No obstante, en esta disolución Sinaloa perdió parte de su territorio ubicado en el norte, tierras de los Mayos principalmente, las cuales pasaron a formar parte del territorio de Sonora.
El 12 de diciembre de 1831 se promulgó la primera Constitución Política del Estado de Sinaloa, cuyo artículo 31 disponía la división territorial comprendida por los distritos de El Rosario, Concordia, Villa de la Unión, San Ignacio, Cosalá, Culiacán, Badiraguato, Mocorito, Sinaloa, El Fuerte y Choix.

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