Sinceramente, me refocilé con el triunfo teutón ante los pamperos. Con cada anotación, pegaba brincos como enano del Atayde; veía el rostro de “¿y ora qué hago, ché”? de Maradona, que prácticamente desde el vestidor salió con la derrota a cuestas, y precisamente fue Müeller, ese “recoge balones” –como el dizque técnico lo llamó en marzo, previo al partido amistoso que sostuvieron en Alemania y que ganara Argentina 1-0, a una conferencia de prensa-, ese medio volante alemán, que abrió el marcador apenas a los tres minutos y que provocó que me atragantara con mi omelet –“a mi me gusta el omelet si es con huevo”, diría una hacendosa amiga mía-, al tratar de pegar el primer grito de alegría. Después, todo fue reír y cantar, sobre todo en el segundo tiempo, cuando Alemania exhibió las falencias defensivas argentinas.
Fueron cuatro los goles que anotó Alemania, el tercero fue todo un poema por la cantidad de toques que le antecedieron –dicho de otra forma, por el tango que bailaron los argentinos-, pero es cierto que bien pudieron haber sido por lo menos otros dos más, lo que hubiese provocado que en ese instante, ahí, sobre la grama, Maradona renunciara de una vez y no esperarse hasta la culminación del juego, perdón, del baile endiablado que recibían. Porque si algo me gustó de ese cuadro teutón, fue que nunca renunciaron a buscar más goles, de ir en busca del marco rival, sobre todo ante la lentitud de una defensa que nunca supo a quién y cómo marcar y a la que aquellos que en teoría jugaban en la media cancha, tampoco los auxiliaron en esa labor, amén de que enfrente tuvieron a un Schweinsteiger o un Oezil, un chavo de 21 años que se ha revelado todo un crack, cuyos centros fueron debidamente aprovechados por Miroslav Klose y Arne Friedrich , autor de ese soberbio tercer gol.
Me fascinó ver la facilidad con que los jugadores alemanes exhibieron a Nicolás Otamendi, lateral derecho y al central Martín Demichelis, así como al lateral izquierdo, Heinze, que se convirtió en un actorcillo de quinta. El daño era sistemático en la cancha y los jugadores miraban a la banca tratando de encontrar una seña, una indicación de su técnico, pero Maradona se limitaba a apretar el rosario y a implorar que aquella masacre terminara lo más pronto posible. Su incapacidad como técnico una vez más, estaba puesta de manifiesto, o mejor dicho, fue exhibida a plenitud, porque ante el Tri de mi corazón fue también notoria esa falta de capacidad técnica y táctica de Argentina. Méjico les dijo a los alemanes “éstas son las debilidades argentinas, ahora ustedes acábenlos”, y lo hicieron.
Ante estos resultados, reafirmó una vez más, que no siempre un buen jugador es un buen técnico. Sufrimos en carne propia el ejemplo con Hugo Sánchez, que por su culpa y caprichos no asistimos a los Juegos Olímpicos, y ahora lo ratifico con Maradona que lo único que sabe hacer, o mejor dicho, decir, son puras babosadas o bajezas como las expresadas cuando de pura charra calificó con un gol del tontote de Palermo y que les llevó a Sudáfrica 2010. Creo que por ese gol, Maradona lo premió llevándolo, porque el llamado Martín “loco” Palermo, jugador de Boca Juniors, pasará a la historia como el único jugador en fallar tres penales vistiendo la casaca albiceleste, en un mismo partido. ¡Mira que honor!
Y así como Hugo mostró sus caprichos, también lo fue Maradona, al llevar a auténticos bultos y dejar a jugadores que en Italia lo ganaron todo, como es el caso del Cucho Cambiasso y Zanetti, que en la media cancha hubieran aportado mucho más de los Di María, o bien Milito, “Pichichi” en Italia con el Inter, al que lo tuvo en la banca como un espectador más. Su torpeza, de Maradona, se acentuó al también tener calentando el pino a la Bruja Verón, que bien pudo haber aportado su experiencia y con ello, darle otro rumbo al equipo desde la media cancha. Es cierto, esos jugadores son convocados por un buen técnico que también sabe cómo parar a su equipo. Diego se olvidó que esto se hace desde atrás, desde la portería y luego la defensa –ojo, mi estimado Maquintosh, que no te pase lo mismo-, para luego conformar una media cancha capaz de recuperar balones y tener ahí un artífice que sepa proveer a los delanteros. Argentina tiene elementos de sobra para armar una selección súper competitiva. Los que fueron a Sudáfrica lo son, por eso se le consideraba serio aspirante a llegar a la final. Sólo le falto un pequeñísimo detalle: un técnico.
Los números de Diego Armando Maradona como responsable del seleccionado argentino son negativos: calificó de panzazo en Sudamérica, y a punto estuvo de no asistir; en su era, recibió la peor goliza en una etapa clasificatoria, ante Bolivia -¡6-1!-, y para rematar, Alemania les endilgó con una mano en la cintura, un 4-0. Como dice Ivo Manuel Alejando: “¡Genial!”. Creyó que con Messi –el mejor jugador del mundo, según FIFA-, tenía todo ganado, pero Messi pasó de puntitas en este Mundial. En cambio, Joachim Loew, su contraparte alemana, que sí es técnico, le dio un repaso de cómo parar un cuadro y a qué velocidad jugar. Y conste, ningún jugador teutón, tiene tanto cartel ni es tan publicitado como lo son los argentinos, ni reciben tantas carantoñas de parte de su técnico, como lo hacía Diego con sus discípulos. Pero mostraron lo que el seleccionado pampero nunca fue: un equipo. O séase, no siempre las grandes figuras, conforman un buen equipo y menos si no son perfectamente dirigidas desde el banquillo.
Así que me van a perdonar, pero disfruto todavía ese triunfo alemán, o lo que es lo mismo, esa derrota argentina. Y no porque hayan eliminado al Tri de mi corazón. Nada de eso. Lo disfruto porque Alemania echó por tierra el mito argentino y sobre todo, porque puso en su lugar a un Maradona que sólo habla de su enorme ego –íntico a Hugo Sánchez-, y porque finalmente, una vez más, reafirmo que Argentina sigue viviendo del pasado, de un pasado que se remonta ya a veinticuatro años, cuando con trampas –¡otra característica más de Argentina!-, ganó el Mundial en nuestro legendario Méjico 86, “El Mundo unido por un Balón”.
¡Ah!, por cierto, Diego, ¿ya conoces a Müeller?
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