No por nada, ni por querer dármelas de muy jícamasconchilelimónconsal, pero el declive en la educación que se “imparte” en todas las aulas escolares, desde primaria hasta profesional, en este Méjico nuestro, vale un cacahuate. Concretamente, desde que se importó la tan llevada, traída y solapada “Reforma Educativa”, allá en el gobierno del “arriba ya delante” de Luis Echeverría Álvarez, sí, aquel que fundó incluso su Universidad del Tercer Mundo y para más señas, el que puso de moda las guayaberas. En esos años, platiqué con un prófugo del gis y del pizarrón que creo todavía cobra como maestro, sin saber lo que es estar al frente de un grupo de alumnos desde hace más de tres décadas, pero que defiende a capa y espada al aborto del sindicalismo en el país, Elba Esther Gordillo, aunque como buen veleta, también en su tiempo le echó ¡urras, vivas, bravos y jurrais!, a Carlos Jongitud Barrios y a su “Vanguardia Revolucionaria”. Me refiero al inservible de David Rubio Gutiérrez, que me juraba y perjuraba que los maestros, en cuanto terminan su ciclo lectivo, corren a matricularse a la Universidad Pedagógica Nacional, para elevar su nivel de conocimientos y estar en condiciones de ejercer mejor su profesión, la que debo reconocer, es una de las más sagradas, la del magisterio.
De acuerdo a la visión de David, al que por cierto luego de desertar del gis y del pizarrón, le consiguieron una chambita en gobierno del estado y ahí estaba, como la mítica “muñeca vieja”, recluido en un rinconcito de Palacio de Gobierno, sin secretaria, sin teléfono y eso sí, con un montón de papeles que tenía que revisar –no creo que la ortografía, porque Davis es pésimo en esa materia-,. Sin embargo, vemos los resultados de los exámenes practicados el fin de semana último a egresados de las normales –oficiales y particulares-, de todo el país, y resulta que ninguno mereció calificación aprobatoria y sí en cambio, como ha sucedido desde hace rato, recomendaciones tales como “no aceptables”, “requiere nivelación” o simplemente “reprobados”.
A esto, añádele que nuestro país ocupa el nada honroso lugar ¡115!, a nivel mundial, en calidad educativa, lo que llamó la atención de la COPARMEX, que ya propuso se exente del ISR a aquellas empresas que inviertan en proyectos educativos y entonces tendrás un panorama más realista de lo que sucede en Méjico en materia educativa y que se puede resumir en una sola frase: fracaso.
Y no por la razón que en forma reiterada ha externado el “Solón” –Crecenciano Hespericuela Rodríguez-, que acusa al Estado, en sus tres niveles de gobierno, de no canalizar mayores recursos, por lo menos el ocho por ciento del Producto Interno Bruto, al renglón educativo, cuando bien sabemos que con lo que se tiene, se pueden optimizar esos recursos.
Pero para ello, es determinante la participación del magisterio, que dejen de lado su indolencia, apatía, valemadrismo y sobre todo, ese desamor al gis y al pizarrón. Que tengan la voluntad de aprender a través de la lectura, porque si hacemos un censo entre el magisterio, veremos que pocos, prácticamente nadie, tiene ese amor por la lectura, por la buena lectura, porque he visto a “maestros y maestras” –de alguna forma hay que llamarles-, comprando el TV Novelas -¡hazme el maldito favor!-. No saben nada de historia de Méjico, pero sí te dan toda una cátedra sobre la vida, obra y milagros de ese dechado de virtudes que es Niurca, o de las últimas grabaciones del Bucki (¿Bucky?) y sus presentaciones. Como decía mí siempre bien llorada madre Hildelisa Ríos, “así, ¿cómo, pues?”.
Un magisterio que incapaz de enfrentar con conocimientos lo que durante muchos años, hasta antes de la Reforma Educativa, se consideraba un verdadero apostolado, ahora le quiere echar la bolita a los padres de familia, para que enseñen a los niños a escribir lo que ahora se conoce como “letra cursiva”. Y piden a los padres echarse ese trompo en la uña, porque ellos, los docentes, no saben tampoco escribir “en letra cursiva” o “pegada”, como le llaman muchos de esos prófugos del gis y desertores del pizarrón. ¡Qué felicidad!, diría mi amigo Pancho.
Propongo entonces que se deje a los padres de familia la formación de los escolapios y que únicamente concurran a presentar un examen que les de la calificación aprobatoria, aunque la verdad sea dicha, son tan burros los maestros que no tengo la menor idea de qué tipo de reconocimiento aplicarían.
En aquella media mañana que advertí a Rubio Gutiérrez que nuestro país, en esos años -1975-, mostraba un atraso de veinticinco años ante los países del llamado Primer Mundo, vaticiné: “espérate otros veinticinco años, y verás que Méjico tendrá un atraso de cincuenta años “, o séase, los que hoy tenemos.
Así de fácil. Así de sencillo, como dice mi novia Montserrat, y todo, por obra y gracia de la dichosa Reforma Educativa, avalada por el engendro de Elba Esther Gordillo, a la que una ocasión le dije que era la responsable del enorme atraso educativo en mi país, en aras de mantener las prebendas políticas y económicas para su beneficio propio y de su séquito de lambiscones.
No le gustó y me miró rete feo. La verdad, sentí ñáñaras. Palabra. Pero sostengo mi dicho y hoy, más que nunca, al ver los tristes resultados que arrojaron los exámenes de fin de semana, con mucha pena, pero voy a tener que soltarlo otra vez:
¡Se los dije!
Comentarios: emmf24@hotmail.com
Martes 20 de Julio, a dos días de la gran pachanga
