Archive for Julio 26th, 2010

¡Como dos gotas de agua, tío. . !

Pues anda, que lo que te voy a contar, es tan verídico y auténtico como que el sol sale por el Oriente. Vamos, para que no quede duda alguna, ¡sí señor!
Que te he comentado en otras entregas, de los variopintos amigos que, gracias a mi humildad, he logrado hacer a lo largo de la vida. De entre ellos, ya una ocasión incluso hasta sirvió de tema para un artículo al que titulé “el técnico ideóneo” (porque así lo ha llamado el tío éste, hombre, el Martín pa’más señas), cuando se trataba de encontrar un nuevo director técnico para el Tri de mi corazón, luego de que Hugo Sánchez pegara fenomenal petardo. Por ahí ha de estar colgado todavía ese artículo del Martincío. Digo, para que veas que no miento.
Pero lo que no tiene parangón alguno, fueron sus recientes expresiones, que nos han dejado a todos con la boca abierta. Te cuento:
Ya es archirrecontrasabido que la Furia Roja, la Selección de España, se alzó como campeona de fútbol en el Mundial de Sudáfrica 2010, al imponerse por la mínima ventaja al representativo de Holanda –que por cierto, suma ya su tercer subcampeonato, 1974, ante Alemania, 1978, ante Argentina y 2010, ante España-, con en tiempo extra, de Andrés Iniesta, para mi menda, si no el mejor, sí está dentro de los cinco mejores del mundo, muy por encima de su compañero de equipo, Barcelona, Lionel Messi.
Fue una jugada que no sólo me provocó una inmensa alegría y a millones de seguidores de La Roja, en todo el mundo, sino que nos descubrió que Iniesta tiene su doble en Culiacán, son, como decía aquella película hispana “Como dos gotas de Agua”, que estelarizaran las guapas Pili y Mili, allá a fines de la década de los sesentas o inicios de los setentas.
Es cierto que ambos lucen poco pasto, tal vez por moda o porque así son. Pero acaso es el único detalle, reitero, para mi menda, en que les encuentro parecido, pero resulta que Martín se empecina ahora en querer cambiar su régimen alimenticio: de tacos de nana, buche y nenepil, ahora quiere atorarle a la paella, a los cayos a la madrileña y a un cocido madrileño, como mínimo. También ha reiterado su afán de modificar sus bebidas. De tupirle con mediano entusiasmo a las chelas en bote, ahora Martín desea tomar vinillo, de acuerdo a las viandas que ingiera. Me confiesa también que quiere cambiar los calcos tenis, por unas alpargatas de cintas, y en lugar de cachucha beisbolera de los Tomateros de Culiacán -¡hazme el cabor favrón!-, ya piensa en la gorra torera o sombrero andaluz y en lugar de esas playeras que hoy se usan entre los chavos meshicas, Martín ha anunciado su firme decisión de usar puras camisas blancas de manga larga, abrochárselas hasta el cuello, como las que usaba mi compañero de aula en la primaria, José Santos Pomar, éste sí, hispano de nacimiento y al que su familia se trajo a Méjico en aquellos años finales de la Guerra Civil Española, encontrando la calidez humana de nuestra egregia raza de bronce.
Ahora, Martín cuando solito o con ayuda de alguien –que le ha hecho un flaco favor, si es que se alguien existe-, le dijo (o se dijo él solito), que por la escasez de cabello se parecía a Andrés Iniesta, pues a partir de ahí, ahí lo tienes, ya hasta aprendió a cecear y a llamar a todo mundo por el clásico nombre gallego, “Venancio”.
A toda esta metamorfosis de Martín, sólo le pongo un pero, pequeñísimo y casi hasta insignificante: Andrés Iniesta es crack del Barcelona, el cuadro culé dirigido por un viejo conocido de la afición mejicana, Pep Guardiola, con mucho –y miren que son madridista de siempre, pero sé reconocer que en el ex jugador de Dorados de Sinaloa, está el futuro técnico de la Furia Roja, y si no, al tiempo-, y Martín le va al ¡Necaxa!, o séase, nada que ver en el ámbito futbolístico, porque mientras uno ha sido considerado el mejor equipo del mundo el año pasado, al cuadro rojiblanco apenas lo van va ver Chencha, mi comadre y Martín –y él, solo por la tele, porque no conoce Aguascalientes y mucho menos el estadio donde juegan unos –el Barça- y otros –Necaxa-Así que ya sabes, Andrés Iniesta tiene su doble en este Culiacán de mis amores y temores, y responde al nombre de Martín, que se dedica a atender diligentemente su carnicería en el Mercado Garmendia, en el corazón de Culiacán.
Y para que admires ese parecido físico entre Martín y Andrés, aquí te los pongo. Debo aclarar que para mi menda, no hay tal parecido, y que éste sólo existe en la mente futbolera tercermundista del buenazo de Martín. El mejor juicio, espero que tú lo hagas, lectora lector querido. Vale?

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Lunes 26 de Julio, el día en que El Ángel de Madrid deja al Real Madrid

posted por El Figuras in La Hojarasca y tiene No Comments

Home Sweet Home

Esta semana de final del bonito mes de Julio, le toca el turno de disfrutar a aquellos rockerones de los 80´s, así que agarren su Aqua Net y disponganse a escuchar a estos “rukerones” y sus inolvidables melodias. Este Lunes comenzamos con Motley Crue y “Home Sweet Home”. ¡Yeaaaaah!

posted por Kichu in La Cueva del Rancor y tiene No Comments

Insólito encuentro

Julián era oriundo de Mocorito. Por razones familiares y de negocios, había emigrado a la ciudad de Guadalajara, en donde llevaba radicando cerca de siete años. Acá, en el pueblo de sus mayores, dejó parientes y amigos de los que a veces tuvo noticias e incluso contactó por alguna céntrica calle de la capital jalisciense.
Su propósito de triunfo económico y su carácter poco inclinado al sentimentalismo, le habían hecho cortar toda relación y comunicación con quienes conviviera por varios años en la antigua Villa, donde todo parecía haberse estancado en esa etapa posterior al final de la Segunda Guerra Mundial.
Pero igual que todo hombre, por mas reseco y duro que sea, el también tenía un amigo de su predilección a quien constantemente recordaba. Era con el que mejor congenió y logro consolidar una excelente amistad. A él, lo extrañaba y en sus vueltas imaginarias, hacia Mocorito, se preguntaba que habría sido de él.
Las fiestas o celebraciones de la semana mayor se acercaban, Julián comentó con su familia las ganas que tenia de darse una vuelta por Mocorito.
Fue un viaje sin prisas. Descansó en Tepic, luego Mazatlán, llegó a Culiacán en horas de la tarde. Sintiéndose ya cerca de su tierra decidió seguir adelante. Divisó las luces de Guamúchil y no pudo reprimir el gusto que sintió. Enfiló hacia el entronque, recorrió el primer kilómetro cuando de pronto en la orilla del camino, una persona le hizo señas. Detuvo el automóvil; el individuo le preguntó que si se dirigía a Mocorito, a lo que él contestó afirmativamente.
-¿Podría hacer el favor de llevarme? Es tarde y ya no hay servicio de transporte.
- si claro con mucho gusto. Suba por favor. Respondió Julián.
Ya era tarde y no podía dejar a aquel pobre hombre en las tinieblas del camino, la felicidad de regresar a su terruño lo convenció de hacer ese favor.
-¿Es usted de aquí de Mocorito?- preguntó Julián.
-Si, Señor – fue la seca respuesta.
-Yo vengo desde Guadalajara- dijo a su vez Julián. Tenía algo así como 12 años sin venir. Soy Julián Lugo Esquer.
-Mucho gusto- expresó el hombre,-mi nombre es Roberto Méndez.
En ese momento Julián se sintió severamente sorprendido.
-¿Eres tu Roberto?, soy yo, Julián, Julián Lugo, tu mejor amigo.
-¡Julián! ¡Querido y viejo amigo! ¿Cómo no te reconocí? ¡No es posible! ¡Que alegría volverte a ver!
Las manos de ambos se buscaron en la oscuridad y se apretaron fuertemente como en los viejos tiempos. Las risas y comentarios siguieron, mientras Julián aceleraba la marcha del carro. Entraron a la primer callejuela del pueblo cuando Roberto indicó a su amigo que detuviera la marcha para poder descender del vehiculo.
Quedaron estacionados en el cruce de las calles Morelos e Hidalgo. La opaca luz de un foco del alumbrado público permitió a los amigos reconocerse mejor. Abrazos y palmadas en la espalda coronaban el regocijo que uno y otro sentían ante tan inesperado encuentro. Quedaron con toda formalidad de verse a la mañana siguiente por rumbo de la cantina y billar “El Encanto del Evora”.
Se despidieron con otro fuerte abrazo y Julián vio como su amigo con paso firme, se adentraba en la calle Morelos y el decidió llegar a casa de su familia.
Eran las once de la mañana, cuando despertó a un nuevo día, desayunó con gran apetito y después de la tercera taza de café indicó a sus familiares que iría a saludar a algunos amigos.
Ya en la calle, Julián se encontró con otro amigo. El doctor del pueblo, a quien saludo con mucho agrado.
-¡Enrique!- le llamó acercándose a él.
-¡Julián! ¿De dónde sales?- fue la respuesta.
Después de ponerse al corriente con sus vidas Julián le comento a doctor que le había dado un aventón a su amigo Roberto.
-¿De qué Roberto me hablas?- preguntó serio Enrique.
- De quien más, pues Roberto nuestro amigo, Roberto Méndez mi compadre.-
Enrique guardó silencio por un momento, trataba de acomodar sus pensamientos y miró de reojo a Julián.
-Pues…mira Julián…por lo que dices, no creo que sepas que nuestro amigo Roberto…murió hace como cuatro años…
El rostro de Julián se convirtió en una máscara pétrea.
-Entonces ¿A quien traje yo en mi carro anoche? ¿Con quién platique y quede de verme en la cantina?-
Enrique al ver la expresión de Julián decidió llevarlo a la casa de su amigo fallecido, después visitaron su tumba en el panteón que esta al final de la Calle Morelos.
Estando en el panteón viendo la tumba de Roberto, Julián se encaminó a la puerta del cementerio.
-¡Hey Julián! ¿A dónde vas?- gritaba Enrique.
Julián se detuvo, se dio la media vuelta y dijo.
-Tu serás muy doctor, pero yo no acepto estas cosas, sabes de la vida y la muerte, lo ves con naturalidad; para uno son circunstancias diferentes.
No dejó de sorprender a Enrique la entereza de Julián quien con la cabeza baja y con un montón de interrogantes en su mente siguió su camino.
-Ven, dijo Julián- Vamos a la cantina, ¡Voy a cumplir mi cita con Roberto…!

posted por Kichu in Historias de Sinaloa y tiene No Comments