¡Como dos gotas de agua, tío. . !

Pues anda, que lo que te voy a contar, es tan verídico y auténtico como que el sol sale por el Oriente. Vamos, para que no quede duda alguna, ¡sí señor!
Que te he comentado en otras entregas, de los variopintos amigos que, gracias a mi humildad, he logrado hacer a lo largo de la vida. De entre ellos, ya una ocasión incluso hasta sirvió de tema para un artículo al que titulé “el técnico ideóneo” (porque así lo ha llamado el tío éste, hombre, el Martín pa’más señas), cuando se trataba de encontrar un nuevo director técnico para el Tri de mi corazón, luego de que Hugo Sánchez pegara fenomenal petardo. Por ahí ha de estar colgado todavía ese artículo del Martincío. Digo, para que veas que no miento.
Pero lo que no tiene parangón alguno, fueron sus recientes expresiones, que nos han dejado a todos con la boca abierta. Te cuento:
Ya es archirrecontrasabido que la Furia Roja, la Selección de España, se alzó como campeona de fútbol en el Mundial de Sudáfrica 2010, al imponerse por la mínima ventaja al representativo de Holanda –que por cierto, suma ya su tercer subcampeonato, 1974, ante Alemania, 1978, ante Argentina y 2010, ante España-, con en tiempo extra, de Andrés Iniesta, para mi menda, si no el mejor, sí está dentro de los cinco mejores del mundo, muy por encima de su compañero de equipo, Barcelona, Lionel Messi.
Fue una jugada que no sólo me provocó una inmensa alegría y a millones de seguidores de La Roja, en todo el mundo, sino que nos descubrió que Iniesta tiene su doble en Culiacán, son, como decía aquella película hispana “Como dos gotas de Agua”, que estelarizaran las guapas Pili y Mili, allá a fines de la década de los sesentas o inicios de los setentas.
Es cierto que ambos lucen poco pasto, tal vez por moda o porque así son. Pero acaso es el único detalle, reitero, para mi menda, en que les encuentro parecido, pero resulta que Martín se empecina ahora en querer cambiar su régimen alimenticio: de tacos de nana, buche y nenepil, ahora quiere atorarle a la paella, a los cayos a la madrileña y a un cocido madrileño, como mínimo. También ha reiterado su afán de modificar sus bebidas. De tupirle con mediano entusiasmo a las chelas en bote, ahora Martín desea tomar vinillo, de acuerdo a las viandas que ingiera. Me confiesa también que quiere cambiar los calcos tenis, por unas alpargatas de cintas, y en lugar de cachucha beisbolera de los Tomateros de Culiacán -¡hazme el cabor favrón!-, ya piensa en la gorra torera o sombrero andaluz y en lugar de esas playeras que hoy se usan entre los chavos meshicas, Martín ha anunciado su firme decisión de usar puras camisas blancas de manga larga, abrochárselas hasta el cuello, como las que usaba mi compañero de aula en la primaria, José Santos Pomar, éste sí, hispano de nacimiento y al que su familia se trajo a Méjico en aquellos años finales de la Guerra Civil Española, encontrando la calidez humana de nuestra egregia raza de bronce.
Ahora, Martín cuando solito o con ayuda de alguien –que le ha hecho un flaco favor, si es que se alguien existe-, le dijo (o se dijo él solito), que por la escasez de cabello se parecía a Andrés Iniesta, pues a partir de ahí, ahí lo tienes, ya hasta aprendió a cecear y a llamar a todo mundo por el clásico nombre gallego, “Venancio”.
A toda esta metamorfosis de Martín, sólo le pongo un pero, pequeñísimo y casi hasta insignificante: Andrés Iniesta es crack del Barcelona, el cuadro culé dirigido por un viejo conocido de la afición mejicana, Pep Guardiola, con mucho –y miren que son madridista de siempre, pero sé reconocer que en el ex jugador de Dorados de Sinaloa, está el futuro técnico de la Furia Roja, y si no, al tiempo-, y Martín le va al ¡Necaxa!, o séase, nada que ver en el ámbito futbolístico, porque mientras uno ha sido considerado el mejor equipo del mundo el año pasado, al cuadro rojiblanco apenas lo van va ver Chencha, mi comadre y Martín –y él, solo por la tele, porque no conoce Aguascalientes y mucho menos el estadio donde juegan unos –el Barça- y otros –Necaxa-Así que ya sabes, Andrés Iniesta tiene su doble en este Culiacán de mis amores y temores, y responde al nombre de Martín, que se dedica a atender diligentemente su carnicería en el Mercado Garmendia, en el corazón de Culiacán.
Y para que admires ese parecido físico entre Martín y Andrés, aquí te los pongo. Debo aclarar que para mi menda, no hay tal parecido, y que éste sólo existe en la mente futbolera tercermundista del buenazo de Martín. El mejor juicio, espero que tú lo hagas, lectora lector querido. Vale?

Comentarios: emmf24@hotmail.com

Lunes 26 de Julio, el día en que El Ángel de Madrid deja al Real Madrid

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