¿Para cuándo, joven?

Por más que dije que no volvería a tocar el tema, aquí me tienes otra vez, dándole a lo mismo, o mejor dicho, al mismo: Omar Chávez Carrasco, a quien algún descerebrado aprontado de esos que nunca faltan, se le ocurrió ponerle el remoquete de “Bussinesman” , echando por los suelos el de “Terremoto” y que a decir verdad, ninguno de los dos se justifican. Tal vez más el primero, porque el chavo sigue siendo imán de taquilla, sobre todo por el apellido, ése que un día se padre, Julio César Chávez González, paseara por el mundo del shacashangue, en aras de calmar su hambre, en todos los sentidos, porque si bien es cierto no sufrió estrechez económica alguna, tampoco tuvo una infancia caracterizada por la abundancia.
Pero esos eran otros tiempos. Julio César se abrió paso en el difícil negocio de los guamazos, a punta de barreta, de mandar al mundo de los sueños a sus rivales, desde que subió por primera vez a un cuadrilátero en aquel Torneo de Box de los Vagos, digo, de los Barrios, que organiza el cotidiano EL DEBATE con bastante éxito y del que han surgido peleadores que unos, han escalado la cima del boxeo, como es el caso de Julio César, y otros que sin llegar tan alto, se mantuvieron y vivieron con dignidad su profesión de boxeadores y otros que, al ver que sólo servían para recibir catorrazos, abandonaron el rudo deporte y mejor se dedicaron a buscar una diputación en las filas del PRI.
A los dos hijos de Julio César los conozco desde chirris. Siempre andaban con el padre, incluso hasta cuando éste se divorció, y lo único que vieron y vivieron, fue box y más box, por lo que era lógico que llegado el día, escogieran también la ruda profesión que le diera fama y fortuna a su progenitor, pero, repito, eran otros tiempos. Julio se enfrentó a rivales de polendas desde sus inicios. Nunca tuvo rivales a modo y a todos los tundía sin piedad alguna, para conformar una carrera llena de éxitos.
Eeeeeem cambio a sus dos hijos sólo les han enfrentado con puros bultos. Julio júnior quizá tenga alguna posibilidad de llegar no a las mismas alturas de su padre, ni siquiera a la mitad, pero podrá vivir del boxeo, siempre y cuando le pongan un rival, uno nada más, que pegue y de renombre, porque por mucho que me digan que se enfrenta a Johnny Smith –ilustre desconocido-, pero que en Europa ocupa los primeros planos, no pasa de ser un auténtico bulto, como lo demuestra sobre el ring, al no mostrar nada que confirme esos “primeros planos” europeos.
De Omar, va de mal en peor. Lo cuidan más que a una quinceañera en el barrio bravo de Tepito o de la Col Ruiz –diría mi cuatacho Botetiux-. Si me dicen lo contrario, quiero que me digan de dónde sacaron a ese costal que responde –si lo llaman, claro está-, al nombre de Miguel Ángel Galindo, que luce un récord negativo -23 derrotas a cambio de 16 triunfos-, lo que no me extraña viéndole ese “impresionante físico” de bote tamalero y que al ver a Omar, se echó un clavadazo para evitar ser despiadadamente golpeado. Luego de tan “apabullante” triunfo, sería bueno que el dizque boxeador y ex terremoto Chávez Carrasco, se preguntara si ese tipo de rivales realmente le hacen sentir que tiene posibilidad alguna de escalar los riesgosos peldaños del boxeo. No sale, por principio de cuentas, de peleas a cuatro o seis episodios, lo que significa que el chavo no anda muy sobrado de condición física y ante rivales de esa catadura, pues como que lo único que le han permitido es echarse al bolsillo unos muy buenos dólares, pero a cambio del engaño, del fraude.
Sí, fraude, porque por más que lo quieran ayudar, el chamaquito no avanza en tan ruda profesión y en cambio, cuando medianamente le ponen a un boxeador que no se espante con el apellido, hemos visto el rostro de ponteduro que le han dejado a Omar, lo que es también sintomático de que olvida que el boxeo es el arte de la defensa y a este paso, no está lejano el día en que quede como se encuentra Julio César padre, que apenas y puede ligar cinco palabras y las últimas, medianamente entendibles.
El negocio familiar como que ya empieza a cansar al aficionado, a ese que exige mejores rivales para los Chávez Carrasco y que ya no se va con la finta del apellido Chávez o con la bobalicona frase de “la leyenda continúa”, que le han enjaretado a cada pelea de estos chavos, que reitero lo dicho en otras ocasiones, de plano, sería mejor que pensaran en dedicarse a otra cosa, que a seguir engañando fraudeando a incautos que aún se van con la finta.
Ya estuvo suave. Si no les van a poner rivales de primera línea, que también lo digan públicamente, “vamos a pelear contra otros bultos para seguir engordando con dólares nuestras cuentas bancarias”.
¿Qué les cuesta hablar con la verdad? A ellos, sus promotores y los medios “informativos” –que en este caso, nadie ha dicho que son partícipes de verdaderos fraudes, de enormes tongos. ¡Ya chole!
¡Tan fácil y sencillo que es, hombre!

Comentarios: emmf24@hotmail.com

posted por El Figuras en La Hojarasca y tiene No Comments

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